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Día de reducción de desastres: Sumémonos a mitigar el impacto del cambio climático


Desde hace tiempo venimos escuchando sobre distintos eventos meteorológicos extremos que se dan en los distintos puntos del mundo y Argentina no es la excepción.

Mientras tenemos nevadas en el sur, también sequía en gran parte del país y ni hablar de las tormentas severas que continuamente se desatan, por ejemplo, en las provincia de Buenos Aires, Córdoba y Entre Ríos.


¡Momento de actuar!


El futuro inmediato nos impone grandes retos, uno de estos, afrontar las consecuencias del crecimiento poblacional y el acelerado ritmo de urbanización, y otro, la utilización y demanda indiscriminada de recursos naturales concentrados y sectorizados en áreas urbanas donde se excluye y margina a parte de la población.



Esto hace aún más necesario, repensar las políticas públicas con el fin de contribuir integralmente a la mitigación del impacto del cambio climático y paralelamente reducir el riesgo de desastres. Bien es sabido, que el reordenamiento territorial, la implementación de sistemas de alerta temprana, la incorporación de instituciones educativas y de investigación, así como la promoción de la educación ambiental con énfasis en el enfoque de riesgos, son herramientas para el desarrollo, que se pueden y deben involucrar a todos los niveles etarios y estratos sociales del país. Sin embargo, consolidar la integralidad de una Política del Riesgo que se traduzca en bienestar colectivo y desarrollo, va más allá de las herramientas implementadas.


Según el informe de la Oficina de Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres “entre 1998 y 2017 los desastres climáticos y geofísicos cobraron la vida de 1,3 millones de personas y dejaron un saldo de 4.400 millones de personas heridas, desplazadas, sin hogar o que necesitaron asistencia de emergencia.” Y agrega que “las inundaciones, las tormentas, las sequías, las olas de calor y otros eventos meteorológicos extremos representaron el 91 por ciento de todos los desastres ocurridos”. Todo esto con pérdidas económicas de más de 2.900 millones de dólares.


En 2015, la ONU aprobó la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, dentro de los objetivos se incluyen desde la eliminación de la pobreza hasta el combate al cambio climático, la educación, la igualdad de la mujer, la defensa del medio ambiente o el diseño de nuestras ciudades. Por ejemplo, en Buenos Aires, la provincia más poblada y con más redes urbanas de la Argentina, solo 22 municipios de 135 se suscribieron a trabajar en estas metas. La sinergia de esfuerzos necesarios para la Reducción del Riesgo de Desastres y Adaptación al Cambio Climático no traspasa con la fuerza necesaria el umbral de la gestión territorial municipal.


Se hace evidente, que la conciencia de los riesgos tiene que construirse desde abajo. Desde las base más profundas de las comunidades que construyen el sistema social de la Argentina. No basta la agenda política, aunque esta sea una condición necesaria no es una condición suficiente. La agenda pública tiene y debe poder construir un discurso que asuma la autoprotección ciudadana como un derecho y también como un deber complementario a la acción estatal. La seguridad humana y la integridad de la gestión de riesgos vendrán de la mano como elementos conceptuales y acciones políticas consecuentes.

La generaciòn de resiliencia y capacidades locales, regionales y nacionales que permitan a la sociedad argentina una etapa superior de bienestar, seguridad, y desarrollo acorde al desafío de los tiempos que vivimos, pasa por asumir esta concientización política e inclusive, ecológica, de los tiempos que vivimos.

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