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Día Internacional de la Mujer: La cuestión de géneros es un asunto de riesgo

Virginia Laino, María Brun Lubatti, Agustina Carra – para IARRD (Instituto Argentino para la Reducción de Riesgos de Desastres)



A partir de la irrupción en la escena pública del movimiento feminista con expresiones tales como el 8M, Ni una menos, entre otros, ya nadie puede mirar para otro lado. ¿Por qué hay tan pocas mujeres en tal o cual reunión? ¿Cómo es que nadie pensó en las femenidades cuando se pensó tal plan? Son preguntas que empezamos a hacernos para debatir y transformar los espacios de decisión política para construir sociedades más justas e igualitarias.


En el campo específico de la gestión integral de riesgo también debemos hacernos preguntas semejantes. Porque aún se sigue abordando “la cuestión de género” asignándole a mujeres y niñas un rol de víctimas cuando el desafío es mucho más grande y potente.


La cuestión central que se nos impone es mirar, ante todo, los propios sistemas de practicantes de la gestión integral de riesgo: los planificadores, los agentes de respuesta y los procesos de rehabilitación. Y lo decimos en género masculino porque son ellos. Basta con revisar las estructuras nacionales y provinciales de los organismos públicos donde están LOS decisores de GIRD (Gestión Integral de reducción de riesgos) y emergencias.


En primer lugar, entonces, debemos analizar la conformación (y formación en el tema) de los equipos tomadores de decisión y los agentes de aplicación de las políticas y programas. ¿No sería de una gran inteligencia para el sector poder analizar cómo los estereotipos culturalmente asignados a la masculinidad o femineidad juegan un rol en la creación o mitigación de riesgos asociados a desastres? Esto ayudaría en gran medida a medir el impacto diferenciado, por ejemplo.


En segundo lugar, necesitamos planificar políticas y programas no binarios que contemplen más allá de la integración de mujeres; en el sentido más amplio, una planificación no binaria con espacio suficiente para integrar y considerar a toda la diversidad de personas.

Un tercer punto a tener en cuenta es el de las propias dinámicas de las instituciones que trabajan en GIRD y respuesta -que por lo general son dinámicas expulsivas para las mujeres-. Esto lleva a repensar las actitudes diarias y combatir estereotipos (aquel que nos dice que “la mujer es muy vulnerable, servicial”) porque refuerzan la asignación de roles y terminan excluyéndonos de lugares de participación (como somos “serviciales” terminamos como secretarias o administrativas y relegándonos de trabajos en territorio).


Por último, la generación de espacios de atención a casos de violencia de género: instancias, de escucha, protocolos de procedimiento ante abusos, acosos, violaciones, u otros; y responsables de género en las instituciones que puedan dar seguimiento con voz y voto y no meramente una pantalla.


No se trata, entonces, de minimizar el hecho de que las mujeres y niñas son una pieza importante a tener en cuenta desde el impacto diferenciado en la gestión del riesgo -y que es vital que el sistema tenga esto en cuenta-; sino de llamar la atención sobre el peligro de seguir abordando la cuestión de género desde una mirada condescendiente que las pone en el lugar víctimas de un desastre sin tener en cuenta el corazón del sistema mismo.

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