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Las sequías afectan fuertemente a la Cuenca del Plata

La escasez de lluvia que va en su tercer año castiga el Sur y parte del Centro-oeste de Brasil, el noreste de Argentina, Paraguay y el sureste de Bolivia, que corresponde a gran parte de la Cuenca del Plata, formada principalmente por los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay, que nacen en Brasil.



Según definió el meteorólogo Marcelo Seluchi, coordinador general de Operaciones del brasileño Centro de Monitoreo y Alertas de Desastres Naturales (Cemanden), se trata de una región climática de América del Sur, con cierta homogeneidad en sus variaciones, especialmente ante los efectos de los fenómenos La Niña y El Niño.


En el caso de La Niña, que enfría las aguas superficiales en la zona ecuatorial este y central del océano Pacífico, está en curso desde octubre y agrava las sequías en la cuenca del Plata mientras provoca más lluvias en el centro y norte de Brasil, donde las inundaciones y derrumbes ya ocasionaron la muerte de 300 personas este verano austral.


Por su parte, el presidente de la Federación de las Cooperativas Agropecuarias del Estado de Rio Grande do Sul, Paulo Pires asegura que esta es la peor sequía que ha vivido.


Al respecto, el secretario ejecutivo de la Asociación Mundial para el Agua, Darío Soto-Abril, cree que el clima cambió, con “sequías más frecuentes, más severas y más prolongadas”, como la actual que comenzó en 2019.


El especialista de nacionalidad colombiana destacó las causas locales, como el cambio del uso de la tierra que promueve la deforestación y explicó que “sin bosques, el suelo absorbe menos agua, baja la humedad y ocurren más incendios que destruyen bosques, como sucede en el noreste de Argentina actualmente, en un “círculo vicioso”.


En 2020 hasta septiembre el Pantanal, uno de los seis biomas brasileños que se extienden por Bolivia y Paraguay, hubo 223 % más incendios que en el mismo período del año anterior, ejemplificó Soto-Abril.


“Los incendios son causa y consecuencia de las sequías”, acotó. El estado de São Paulo, el más rico y poblado de Brasil, con 46 millones de habitantes, “solo tiene 8 % de la vegetación que tenía hace 60 años” y un efecto es que desde 2014 enfrenta dificultades para el suministro de agua a sus ciudades, citó como ejemplo.


Con respecto al cambio climático, Marcelo Seluchi explicó que “cumple probablemente algún papel y pudo notarse en los eventos extremos, como la mayor intensidad cuando llueve y las olas de calor que se sintieron en enero en Porto Alegre (una capital del sur brasileño) y en Argentina hasta la Patagonia resalta”.


El total de las lluvias en un período largo puede estabilizarse en el mismo volumen, pero al parecer aumenta la irregularidad en el tiempo, en la frecuencia y distribución territorial.


FUENTE: redhum.org


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